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sábado, 24 de diciembre de 2011

Campanadas molestan a vecino y va al juez


Obigado por un juzgado de Valladolid
Atenuarán el sonido de las campanas de una iglesia, molestas para un vecino
Un vecino del pueblo de Ureña, propietario de un estudio de grabación demunció que el sonido del campanario producía un ruido excesivo.

Las acusadas
El Ayuntamiento de Urueña (Valladolid) tendrá que «debilitar el sonido» de las campanas de la iglesia hasta los límites que marca la ley, según la decisión judicial adoptada tras la denuncia de un vecino molesto con las continuas campanadas que marcaban las horas y las medias.
La sentencia desestima la petición del demandante de una indemnización por los daños que el sonido de las campanas le causaron a su salud y a su negocio, porque considera que no se han acreditado suficientemente tales perjuicios.
Urueña es una localidad de unos doscientos habitantes situada a 55 kilómetros al noroeste de Valladolid, declarada conjunto histórico-artístico, que conserva una muralla medieval y que es la primera Villa del Libro de España.

Ruido excesivo
El alcalde del municipio, Manuel Pérez-Minayo, explica que un vecino del pueblo, el demandante, Miguel Lacomba, propietario de un estudio de grabación, había denunciado en un juzgado que el sonido del campanario producía un ruido excesivo.
Una sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Valladolid ha decretado que las campanas deben «atemperar su expansión sonora a los límites establecidos en la legislación vigente», por lo que el ayuntamiento de la localidad deberá controlar que se cumpla la normativa.

Museo de campanas
Museo de campanas... una tradición
Pérez-Minayo ha indicado que la sentencia reconoce «la tradición del toque de campanas en el municipio», que precisamente cuenta con un museo de campanas.

Campanas de la Catedral de México
Aprovechando la ocasión, es apropiado recordar un poco sobre la historia de las campanas de la Catedral de México, la cual  es por extremo interesante.
Parecen seres dotados de vida, delicados en sus cuerpos que están expuestos a los cambios de temperatura que alteran su constitución, sobre todo cuando ésta no ha sido bien cuidada desde que nacieron.
Cada campana tiene su nombre.
Cada campana tiene su historia.
Hay algunas veteranas que vienen desde los tiempos lejanísimos, desde aquella catedral paupérrima que tuvo que ceder el puesto.

Desde la conquista de la Nueva España
No se sabe el fin que tendría la primera campana que hubo en la Catedral, pero es conocido su noble origen.
Fué fundida de un cañón que Hernán Cortés había cedido para ello y la operación se efectuó en las casas que ocupaban la esquina de las calles llamadas actualmente Emiliano Zapata y Licenciado Verdad, donde estuvieron más tarde las casas arzobispales.
Fué el duque de Alburquerque quien primero colocó las campanas que todavía existen en nuestra Catedral.

Las primeras
"Santa María de la Asunción"
La campana "Santa María de la Asunción", pero que era nombrada castizamente por el pueblo Doña María, fué fundida en 1578 por los hermanos Simón y Juan Buenaventura, según consta en el libro de Cabildo del 5 y 12 de agosto y 6 de diciembre de 1577.
Como dicha campana todavía existe en nuestra Catedral y es, indudablemente, una de las joyas más preciadas, resulta conveniente dar los datos alusivos que poseemos.
Todavía pueden leerse en ella las dos inscripciones.
Se hicieron los aparatos necesarios para la maniobra, en cuya manufactura tardaron veinticuatro días a partir del primero de marzo de 1654, y el martes 24 del mismo fué bajada la campana mayor que se llamaba "Doña María" y pesaba cuatrocientos cuarenta quintales. (44 mil kilos)

"Santa María de los Angeles"
Catedral Metropolitana de la Ciudad de México
El  día 26 fué bajada otra mediana con la cual se tocaba la queda.
Esta campana se llamaba "Santa María de los Angeles", fué fundida por Hernán Sánchez en 1616 y pesa ochenta arrobas. Más tarde se bajó otra campana que por su sonido grave y solemne era llamada "La Ronca."
A todas estas operaciones se halló presente el virrey; igualmente lo estuvo el Domingo de Ramos (29 de marzo) en que, después de los oficios, fué subida la campana mayor a su sitio.

El virrey presente
El duque subió a la torre acompañado de los Cabildos secular y eclesiástico y otras personas y al comenzar a subir la campana se hicieron rogativas en todas las iglesias y no bajó el virrey hasta no verla colocada.
El mismo Domingo de Ramos se subió la campana de la queda y el lunes 30 las restantes, de suerte que a la oración de la noche se tocaron todas las ocho.
No eran suficientes tales campanas para la torre, cuyo primer cuerpo solo tenía veinte campaniles; entonces las autoridades acordaron que ciertos pueblos cuyos habitantes habían venido a menos, cedieran a la catedral algunas campanas que ya no servían en las viejas iglesias conventuales.

Extraordinario
Así pues, como podrán darse cuenta con estas dos breves y sin iguales narraciones, lo que para algunos es una historia extraordinaria para otros es un extraordinario dolor de cabeza.
Hay para todos los gustos en esta viña del Señor

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