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martes, 7 de mayo de 2013

Natascha Kampusch, una atormentada sobreviviente de secuestro infantil

VIENA (AFP)

Las primeras palabras de la joven austríaca que apareció en 2006 después de pasar ocho años cautiva en un búnker subterráneo fueron inquietantemente similares a las de la estadounidense Amanda Berry, quien pidió auxilio al 911 el lunes tras escapar de un secuestro de 10 años.

"Mi nombre es Natascha Kampusch. Usted debe haber oído hablar de mi caso", dijo la joven austríaca a la incrédula policía más de tres mil días después de desaparecer cuando iba a la escuela.

"Yo soy Amanda Berry. Me secuestraron y he estado desaparecida durante diez años. Estoy libre ahora", dijo Berry, hallada el lunes en Cleveland, Ohio (norte de EEUU), junto con otras dos mujeres desaparecidas por varios años, según una grabación de su frenética llamada al número de emergencias 911.

En uno de los casos más notorios de secuestro, el ingeniero de telecomunicaciones desempleado Wolfgang Priklopil raptó a Kampusch de una calle en Viena y la metió en una furgoneta el 2 de marzo de 1998.

Luego encerró a la niña de 10 años en una habitación subterránea de menos de seis metros cuadrados que había construido debajo del garaje de su casa en las cercanías de Strasshof.

Le dijo a Kampusch que las puertas y ventanas de su calabozo eran trampas explosivas y que su familia se había olvidado de ella.

Durante los años siguientes, Priklopil la golpeó varias veces, le dio muy poco de comer - a veces nada durante días - y abusó de ella una vez que llegó a la pubertad.

"Nunca grité... Mi cuerpo no podía gritar. Era un grito silencioso", dijo Kampusch, ahora de 25 años, a principios de este año sobre su terrible experiencia.

Aprovechando un lapsus momentáneo de atención de Priklopil, que estaba hablando por su teléfono móvil sobre la venta de la misma furgoneta blanca con que había secuestrado a Kampusch, la joven se escapó un día del verano boreal de 2006.

Priklopil se suicidó arrojándose debajo de un tren de cercanías el mismo día. Tenía 44 años.

Al igual que Berry y sus compañeras de prisión, Gina DeJesus y Michele Knight, Kampusch también provocó una tormenta mediática y acaparó titulares en todo el mundo.

La joven austríaca ya escribió un libro sobre su experiencia, dio varias entrevistas de televisión y a principios de este año se estrenó una película, "3.096 días", titulada así por el tiempo que pasó encarcelada.

Pero Kampusch parece haber tenido problemas para adaptarse a la vida normal, y ha dicho que se ha "distanciado" de sus padres. Vive sola en Viena con su pez mascota y sus orquídeas y le gusta ver series policiales en la televisión.

También quedó rezagada en su educación. Aunque logró completar sus estudios, comenzó a prepararse para ser orfebre, pero luego abandonó.

En 2011 abrió un hospital de niños en Sri Lanka, financiado con las muchas donaciones que ha recibido y el dinero obtenido de su autobiografía.

Su mejor amiga -dijo en una entrevista con la televisión alemana este año, que fue vista por 4,7 millones de personas- es su peluquera.

"El momento en que soy más feliz es cuando estoy sentada en la silla y ella me está peinando", dijo con su vocecita.

"Trato de tomarme casi todos los días de una manera positiva, para hacer frente a lo que me pasó", dijo.

"A la juventud despreocupada es algo que nunca voy a ser capaz de regresar. Lo que me ayuda ahora es comunicarme con otras personas y que esas personas compartan conmigo experiencias de su juventud".

Kampusch también ha hablado de sus sentimientos encontrados sobre Priklopil, y contó que lloró cuando se enteró de que estaba muerto.

"Con mi huida, no sólo me liberé de mi torturador. También perdí a alguien que estuvo, inevitablemente, muy cerca mío", escribió en su libro.

Kampusch dijo que Priklopil, "el hombre que me golpeó, me encerró en el sótano y me dejó casi morir de hambre, quería ser abrazado".

Historia de altos contrastes

Mucho azúcar: más peso, más grasa

  El consumo desmesurado o habitual de alimentos azucarados se asocia a la ganancia de peso, más kilos y además muy poco sanos, donde el aumento de grasa es lo más llamativo. Así lo demuestra un metaanálisis realizado por los departamentos de Nutrición Humana y de Medicina de la Universidad neozelandesa de Otago. La ingesta de azúcares o de alimentos dulces y azucarados -incluidas las bebidas- es un factor que determina el peso y la grasa corporal.

Azúcar: entre la necesidad de energía y el exceso de calorías

La obesidad es la enfermedad crónica de mayor impacto en los países desarrollados. Por ello, la búsqueda para descubrir su causa fundamental despierta un gran interés en el mundo científico. Pese a que la glucosa es un tipo de azúcar -uno de los más sencillos- y es el combustible elemental del organismo humano, no es un alimento básico. Desde la óptica nutricional y de salud, todos los "azúcares libres" son prescindibles, en tanto que se añaden a los alimentos solo para hacerlos más agradable al paladar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como "azúcares libres" a todos los monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos durante su procesamiento (fabricación), preparación (cocinado) o en la mesa (consumidor), además de los azúcares presentes de forma natural en la miel, en los siropes y en los zumos de frutas. En términos generales, el contenido de azúcar de muchos alimentos procesados, dulces o azucarados, es alto, en particular los alimentos destinados al público infantil. Es difícil que los niños, con la gran disponibilidad de alimentos que tienen a su alcance, consuman de forma habitual solo el 10% de su dieta en forma de "azúcares libres", el máximo recomendado.

El exceso en el consumo de azúcares tiene consecuencias. La glucosa es, en última instancia, el combustible del cuerpo humano. Sin embargo, el exceso de glucosa no utilizada por la actividad orgánica se almacena en forma de grasa. El problema con las dietas con alto contenido de azúcares es que provocan picos de insulina seguidos de un rápido descenso en la glucemia, que a menudo conduce a una necesidad mayor de tomar más dulce. Esta conducta, mantenida en el tiempo, puede conducir a problemas tales como la resistencia a la insulina y la obesidad abdominal.

Azúcar y sobrepeso, ¿cómo se relacionan?

  La sugerencia de que el azúcar podría tener efectos adversos en la salud es un tema recurrente en diversos estudios desde hace décadas. Hay afirmaciones de que la ingesta elevada de azúcares puede estar asociada con un mayor riesgo de sufrir la obesidad y enfermedades cardiovasculares, así como diabetes o el hígado graso. Sin embargo, las deficiencias en algunos estudios (como las diferencias en la ingesta de azúcares o el tamaño de la muestra, entre otros factores) explican que los resultados de algunas investigaciones sean inconsistentes, o que las conclusiones sobre estas asociaciones no sean concluyentes. En la actualidad, la asociación más sólida es la que vincula un alto consumo de bebidas azucaradas con el desarrollo de obesidad.

Para actualizar las recomendaciones sobre el consumo de azúcares, el Grupo de Nutrición y Salud de la OMS (NUGAG) encargó una revisión sistemática de la literatura científica y médica para responder a cuestiones relacionadas con los efectos del consumo de azúcares "libres" con el exceso de adiposidad (grasa). Además de dar respuesta a cuestiones tales como si la reducción o el aumento de la ingesta de azúcares de la dieta influye en las medidas de la grasa corporal en adultos y en niños, también se buscaba evidencias que respaldaran la recomendación de reducir la ingesta de "azúcares libres" a no más del 10% de la energía total.

En los ensayos de intervención incluidos en el metaanálisis solicitado por la OMS, la reducción en la ingesta de azúcares de la dieta en las personas adultas se asoció con una bajada significativa del peso (entre el 13% y el 38%) . Otros estudios demostraron no hallar diferencia en el peso si los azúcares ingeridos se encontraban en forma de sacarosa (azúcar común) o de fructosa, edulcorante calórico utilizado para endulzar numerosos productos y bebidas.

Cuatro sustitutos naturales del azúcar

  Las nuevas necesidades en el cuidado de la salud abren nuevos caminos en la búsqueda de alimentos, ingredientes o aditivos, como sustitutos más saludables de otros que hay que moderar. El azúcar es uno de ellos. La industria alimentaria ha optado por la fructosa para endulzar numerosos productos y bebidas, al tratarse de un azúcar simple con un mayor poder edulcorante que la propia sacarosa. Sin embargo, el cambio no es positivo, en tanto que hay evidencia de que el consumo elevado de productos edulcorados con fructosa favorece los depósitos de grasa en el hígado y altera el perfil de lípidos sanguíneos.

  1. Entre los edulcorantes que ofrece la naturaleza está el sirope de ágave, al que se le reconoce doble poder edulcorante que la sacarosa, en gran medida por el alto contenido en fructosa (70%).

  2. Una composición similar -aunque un sabor diferente- es el que ofrece el sirope de savia de arce, también usado como edulcorante en la elaboración de numerosos productos dulces. Aunque en ambos casos se trata de azúcares naturales, su condición de dulce y su composición rica en fructosa obligan a tomarlos con moderación, más si se siguen dietas de control de azúcares como en caso de diabetes, sobrepeso y obesidad, triglicéridos elevados o hígado graso.

  3. La estevia es el componente dulce natural con mejor reputación hasta el momento. Se trata de una planta a la que se le reconocen potenciales propiedades saludables en el control de la glucemia y la hipertensión arterial.

  4. Las melazas, obtenidas por la fermentación de los cereales, también son interesantes opciones dulces como sustitutos del azúcar.

La ingesta habitual de alimentos azucarados y bebidas dulces es un factor determinante del peso y de la grasa corporal

Un diabético ante la mesa

  La dieta para un diabético, lejos de ser una losa, puede ser un puente que contribuya a controlar de manera eficaz y segura su enfermedad. Al tratarse de una patología crónica, la dieta se debe entender como un elemento terapéutico más junto al tratamiento farmacológico si fuera necesario y ejercicio físico regular.

Los alimentos básicos

La dieta en la diabetes ha de atender a las particularidades de cada individuo, su estilo de vida (tipo, ritmo y duración de la actividad física), su condición (niño, embarazada, lactante, anciano...) y su tratamiento específico (insulina, antidiabéticos orales...). No obstante, en general, se trata de un concepto de alimentación saludable. De hecho, la Fundación Española para la Diabetes recuerda que la alimentación de las personas con diabetes no es sustancialmente diferente a la alimentación de la población en general. La mayoría de consejos son válidos para toda la familia. Estos son algunos consejos generales:
  • Comer poco y a menudo: alimentación fraccionada en 5-6 tomas al día; con un menor volumen de alimento por toma, así se controla mejor la glucemia.
  • Rica en fibra: verduras y hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales integrales y fruta en las cantidades adecuadas a cada caso.
  • Reducida en grasas saturadas y colesterol (moderar el consumo de lácteos -leche entera, yogures, quesos semicurados y curados, natas, mantequilla...), carnes en general y rojas y grasas en particular, huevos, productos de charcutería (embutidos, patés, fiambres, vísceras, hamburguesas, salchichas...) como prevención de enfermedades cardiovasculares.
  • Primar el consumo de pescados, y en especial los azules, ricos en omega-3, de protección cardiovascular.
  • Limitada en azúcares simples (azúcar, miel, mermelada, refrescos y bebidas azucaradas, golosinas, chocolate y derivados, zumos...) porque elevan de forma brusca los niveles de glucosa en la sangre.
  • Con preferencia por los alimentos integrales ricos en carbohidratos complejos (cereales integrales y legumbres).
  • En caso de utilizar endulzante, se recomienda el extracto natural de estevia en sustitución del azúcar, la miel y cualquier edulcorante artificial (sacarina, ciclamato, aspartame...). Hay estudios que informan de resultados positivos tras el uso de estevia con respecto a la tolerancia a la glucosa y la respuesta a la glucemia.

Alimentos integrales, ricos en fibra por naturaleza

Una revisión bibliográfica publicada en la revista científica Public Health Nutrition y realizada por autores españoles confirmó lo que ya se conoce hace años: el consumo regular de cereales integrales (pan, pasta, arroz, cereales del desayuno) -no refinados- contribuye a la reducción de los factores de riesgo relacionados con enfermedades crónicas, en especial de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer. Pero la fibra no es la única responsable de tales beneficios. Los alimentos integrales, comparados con sus homólogos refinados, concentran además de más fibra, más vitaminas, minerales y compuestos fitoquímicos y bioactivos con reconocidos efectos antioxidantes. Son alimentos integrales todos aquellos que se comen con el mínimo procesado, por lo que naturalmente son también ricos en fibra: ensaladas, verduras y hortalizas, legumbres, frutas frescas con piel, frutos secos, frutas desecadas y cereales integrales.
En relación a la diabetes, la fibra juega un papel interesante. Este nutriente tiene la cualidad de disminuir la velocidad de absorción de los azúcares de los alimentos ingeridos, lo que evita el aumento brusco de la glucemia postprandial, después de comer. La recomendación nutricional actual es un consumo diario de fibra de entre 25 a 30 gramos. La Asociación de Diabetes Americana es más exigente y aconseja la ingesta de 30 a 50 gramos de fibra dietética por día para las personas con diabetes mellitus tipo 2.

Las frutas idóneas

  Una persona diabética puede tomar cualquier tipo de fruta, si la come en su justa medida, sin temor a que se altere la glucemia, siempre que la enfermedad esté bien controlada. No obstante, cabe ser más prudentes y ajustar la cantidad por ración o comer con menos frecuencia aquellas frutas que en comparación con el resto y a igualdad de peso contienen más azúcares. Es el caso de plátanos, uvas, cerezas, higos, chirimoyao caqui y granada, que contienen entre 2 y 3 veces más azúcares (15-17 g/100 g) respecto al resto de frutas (7-10 g/100 g). La ración media saludable de fruta oscila entre 150 y 180 gramos y un poco menos para las más calóricas, de 100 a 120 gramos. En esta cantidad, las frutas más dulces proporcionan unos 10 gramos de azúcares por 100 gramos, una cantidad similar a la de multitud de frutas como nectarina, mandarina, naranja, manzana o pera.

Aceite de oliva virgen y un puñado de nueces

Los resultados de un estudio integrado en el PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) evidencian un efecto protector de la Dieta Mediterránea (MedDiet) contra el desarrollo de diabetes tipo II en personas con alto riesgo cardiovascular. Los individuos más beneficiados fueron los que ingirieron una Dieta Mediterránea ad limitum (no restringida en energía) caracterizada por un alto contenido en grasas insaturadas, bien por consumo diario de aceite de oliva virgen (rico en grasas monoinsaturadas) o un puñado (30 gramos) de nueces (ricas en grasas monoinsaturadas y ácidos grasos poliinsaturados). La incidencia de diabetes fue hasta tres veces menor en los grupos que siguieron el patrón de Dieta Mediterránea. Según los autores, es posible que el efecto beneficioso de la Dieta Mediterránea en el riesgo de diabetes puede ser reproducida en otras poblaciones, como se ha demostrado para la mortalidad por todas las causas, la incidencia de enfermedad cardiovascular y la mortalidad por cáncer en poblaciones de EE.UU.

Más proteína vegetal

Las legumbres deberían contemplarse en el menú entre dos y cuatro veces por semana. Los días en los que protagonizan la mesa, el menú debe acompañarse también de cereales (arroz, cuscús, fideos, fideuá, macarrones...) bien en el mismo plato (lentejas con arroz) o en otro acompañante (sopa de fideos + estofado de lentejas con verduras). Por medio de esta combinación alimentaria se obtiene un menú completo en su aporte nutricional y adecuado a la diabetes: rico en carbohidratos complejos, fuente de proteína de alta calidad y de grasas insaturadas. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) afirma que los cereales y las legumbres permiten realizar sabrosos y tradicionales platos únicos, con un aporte adecuado de proteínas vegetales de calidad.

No a los alimentos con fructosa

 La fructosa es el azúcar natural más dulce. Se localiza de forma natural en las frutas y en el sirope de maíz, que en un 55% es fructosa y que se emplea sobre todo como ingrediente edulcorante en alimentos procesados (bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno o galletas, entre otros). La fructosa tiene una respuesta glucémica post-pandrial menor, es decir, en comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa, provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Este hecho, que podría verse como una ventaja para las personas que padecen diabetes mellitus, no lo es en absoluto. Tanto la Asociación Americana de Diabetes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alertan de que ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las reservas de grasa en los órganos, entre ellos el hígado. Por ello, conviene que las personas con diabetes no abusen de productos etiquetados como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que suelen contener fructosa en sustitución del azúcar común.

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